Primero: dejar de cavar
Cuando un proyecto está descarrilado, el instinto es sumar gente y horas. Casi siempre empeora las cosas. El primer paso es detener el impulso y hacer un diagnóstico honesto: qué existe, qué funciona, qué no, y por qué se llegó aquí. Sin ese mapa, cualquier plan es una apuesta.
Assessment: fotografía del estado real
El assessment inventaría lo que hay: código, integraciones, datos, dependencias y decisiones tomadas. El objetivo no es juzgar, sino entender. La mayoría de los proyectos rotos no tienen un problema de código, sino de alcance difuso y decisiones nunca documentadas.
Redefinir el alcance antes que la arquitectura
Un proyecto sin una definición común de "terminado" no se puede rescatar. Antes de tocar la arquitectura, hay que acordar qué se va a entregar, en qué fases y bajo qué criterios de aceptación. Recortar alcance suele ser más valioso que añadir recursos.
Arquitectura objetivo y plan por fases
Con el alcance claro, se define una arquitectura objetivo realista —no ideal— y un roadmap por fases que priorice estabilizar antes que expandir. Cada fase debe dejar el sistema en un estado mejor y desplegable, no a mitad de camino.
Rescatar es también decidir qué se abandona
Parte del rescate es decidir qué código se conserva, qué se reescribe y qué se descarta. Aferrarse a todo lo construido por no "perder lo invertido" es la falacia del costo hundido, y es lo que mantiene vivos a los proyectos zombis.